jueves, 13 de septiembre de 2012

El extraño caso del nacimiento de las RRPP modernas.

FOTO:  http://fall2010introj.wikia.com/wiki/Ivy_Lee,_John_D._Rockefeller,_and_the_Ludlow_Massacre

Es excelente material para una película al más puro estilo de la serie de Bond, o alguna pieza de crítica política estilo Roman Polanski u Oliver Stone. La historia del inicio de las RRPP tiene a un villano que juega a ser héroe, sangre de inocentes y millonarios que harán lo imposible para mantener su nombre intacto. Vamos, hasta el nombre del héroe-villano tiene dramatismo: Ivy Lee, mejor conocido en su época como "Poison" Ivy Lee ("Ivy" es hiedra en inglés, por lo que al incluir "Poison" antes de la misma se forma "Hiedra Venenosa", tal como la villana de Batman).

Nacido en 1877 y graduado de Princeton, Ivy Lee se especializó en prensa y tuvo como primer trabajo el de reportero. Poco tiempo después decide poner su propio despacho de consultoría en comunicación con el ex candidato demócrata a presidente Alton Parker. Al disolverse esta sociedad, Lee empezó a trabajar en solitario. Cercano a 1914, el millonario Rockefeller lo contrata para ser su conexión con la prensa. Rockefeller había empezado, sin saberlo, con una práctica que se habría de volver común: la contratación de un publirrelacionista de planta en las compañías.

Las intenciones de Rockefeller, sin embargo, no eran del todo limpias. La "masacre de Ludlow", la cual consistió en la matanza de trabajadores en paro -y familiares de los mismos- de la Compañía de Hierro y Combustible de Colorado (controlada por Rockefeller)  por parte de miembros de la milicia, hizo decaer la imagen del millonario. La estrategia llevada acabo por Mr Lee para contrarrestar esta debacle fue exitosa: mandar boletines de prensa diciendo que las muertes habían sido ocasionadas por un accidente en una de las calderas, y no lo que en realidad pasó: un asesinato multitudinario ordenado por su jefe. Ese boletín habría de ser el que le ganaría el sobrenombre de "Poison Ivy" al joven Lee, y el que marcaría el inicio de una época en la que las relaciones públicas se convertirían en una forma de persuadir y no de informar.


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